Nada más empezar a preparar este viaje por las Repúblicas Bálticas en 15 días nos entró curiosidad por visitar Helsinki. Lo cierto es que, a priori, no estaba en nuestra lista, pero únicamente porque desconocíamos que era tan fácil y relativamente barato llegar desde Tallin.



Desde Tallin salen todos los días varios ferrys que te llevan a Helsinki. Nosotros compramos los billetes unas semanas antes y nos costaron 72 euros (18 euros trayecto/persona). Puedes ir en coche, aunque como únicamente íbamos a pasar el día optamos por ir a pie. Cerca de la terminal de salidas del puerto hay varios parkings al aire libre en el que puedes dejar el coche 24 h por precios que oscilan entre los 3 y los 10 euros.
Los ferrys son enormes, como cruceros, con camarotes incluidos, aunque para las 2 horas que dura el trayecto, no lo creímos necesario, y más cuando hay multitud de butacas y asientos super cómodos en bares y restaurantes (te puedes sentar libremente). También disponen de zona de solarium, supermercado, tiendas y hasta un punto de información en donde puedes hacerte con un mapa tanto de Tallin como de Helsinki. De la misma terminal de Tallin salen barcos a Estocolmo, que tampoco habría estado mal.


Lo peor de todo, es que a la llegada  todos tuvimos la misma idea, ir en transporte público y solo hay una máquina expendedora, por lo que la cola era bastante larga. Si llegáis tarde a la cola, podéis andar unos metros y en la siguiente parada también hay máquinas. Nosotros vimos a gente que se iba desde detrás de nosotros y luego los vimos subir en la siguiente estación. Compras el ticket en la máquina y al subir al tranvía tienes que validarlo en la maquinita que se ve en la foto de arriba. El billete sencillo cuesta 2.80 €.

La mejor opción es bajarse en la estación de trenes, ya que aquí está una de las oficinas de turismo. Ojo porque no hay máquinas expendedoras en todas las paradas, en la estación sí que la hay, al igual que la parada que está justo enfrente. 

También es un buen punto de partida para conocer la zona más nueva de Helsinki. Nosotros nos dejamos aconsejar por la chica de Turismo y la primera parada fue la biblioteca Oodi, aunque llamarle biblioteca a un enorme edificio con multitud de libros, salas de lectura, cafetería, terraza panorámica, salas de juego en línea, salas para coser, imprimir en 3D...nos parece quedarnos muy cortos.



Desde allí, y bajo un sol abrasador (para que luego digan que en el norte de Europa siempre hace frío) nos dirigimos a una iglesia construida en la roca, conocida como "Rock Church". La entrada vale 3 euros y la puedes comprar en varias tiendas de recuerdos que hay en sus alrededores. Informaos bien de los horarios, porque nosotros fuimos para nada, ya que había una boda y estaba cerrada.

Retrocedimos hasta la estación de trenes y nos asomamos al Ateneo, al que no entramos porque es un museo de arte que no nos interesaba. Desde allí empezamos la ruta por el centro histórico. En la oficina de turismo pillamos un folleto en español con distintas rutas para descubrir la ciudad. Escogimos la de "historia y arquitectura", que te lleva por 19 puntos de interés y tiene una longitud de unos 2 km. Aunque os puedo asegurar que acabaréis haciendo muchos más.

La ruta empieza en la Plaza del Senado, donde se encuentra el Palacio del Gobierno y la magnífica catedral de Helsinki, a la que tampoco pudimos entrar por otra boda (lo cual nos sirvió de excusa para sentarnos a la sombra y ver toda la parafernalia que eso conlleva. Lástima que no vimos el vestido de la novia de cerca para apreciar los detalles jajaja). A igual que el Palacio del Gobierno es obra de Carl Ludvig Engel. Ambos del s. XIX.

Continuamos hasta la Plaza del Mercado (Torijorttelit), repleta de restaurantes y tiendas y desde donde salen ferrys y barcos turísticos. Pasamos por delante del Museo Municipal y de la Casa de la Nobleza que hoy en día alberga conciertos y diferentes eventos hasta llegar a la Catedral de Uspenski. Y sabéis qué? Que tampoco pudimos entrar porque también se estaba celebrando un evento religioso. 
Esta catedral es la mayor iglesia ortodoxa del este de Europa y deja patente la gran influencia de Rusia. A los pies de la catedral siguen en pie los antiguos almacenes del puerto en los que puedes comer o tomarte algo. Os avisamos de que no es nada barato. Por una cocacola y una cerveza nos clavaron 10,30 euros y eso que sabíamos que las bebidas alcohólicas estaban gravadas con un fuerte impuesto, pero no nos imaginábamos que tanto. 

Luego empezamos a deambular por el barrio modernista, Katajanokka y desde allí atisbamos la Flota Rompehielos formada por 4 barcos rompehielos desde 1954 a 1987. Sus nombres: Voima, Urho, Sisu  y Otso ja Kontio.


Al lado de los antiguos almacenes que os decíamos antes y que volverás a ver después de pasear por el barrio modernista, se encuentra un barco-faro que también está reconvertido en restaurante. Se llama Relandersgrund. Es de 1886 y sirvió en tareas de medición marítima, chalé de verano particular y yació en el fondo del mar hasta que fue reflotado en 1991.





La casa que podéis ver en la foto inferior es la Casa del Maestro Bombero, de comienzos del s. XIX y es la vivienda de madera más antigua que todavía se conserva en Helsinki.


Y la última visita antes de llegar al punto de partida en la Plaza del Senado es la Casa de los Estados y el Archivo Nacional. Entre estas dos edificaciones se encuentra la estatua de menor tamaño de Helsinki. Nosotros no dimos con ella. Puede que sea porque al ser fin de semana estaba la verja cerrada y estuviese en su interior. No lo sabemos a ciencia cierta, pero no pudimos encontrarla.





De vuelta a la estación de trenes pasaros por el parque de la Explanada. Si hace buen tiempo estarán los lugareños tomando el sol, leyendo y de charla con sus colegas.
Algo que queríamos visitar en Helsinki y a lo que renunciamos fue la isla fortaleza de Suomenlinna (en realidad son 4 islas unidas por puentes). Se encuentra a 15 minutos en ferry desde la Plaza del Mercado y también se puede llegar en "waterbus" (esta última opción, solo en verano). Está declarada Patrimonio de la Humanidad, pero es tan inmensa que nos habrían hecho falta varias horas que decidimos aprovechar para conocer el centro. Hay varios museos, restaurantes, tiendas y también se puede seguir un sendero de 1,5 km que te adentra en los principales puntos turísticos.
Y de esta manera, viendo atardecer a las 22.30 h, nos despedíamos de Helsinki y, de momento, también de Finlandia. Quién sabe si algún día volveremos para conocerla con más calma.
Lo cierto es que el viaje de 15 días por Estonia, Letonia y Lituania es el que menos hemos organizado hasta la fecha. Un par de artículos de internet, la Lonely Planet y listo, ya teníamos la lista de lugares que no te podías perder, ajustados a la duración de nuestro viaje. Así que cuando llegamos a Estonia, se repetía la isla de Saaremma como un imprescindible.


Nosotros nos arrepentimos un poco de haber ido hasta Saaremaa por la pérdida de tiempo y dinero que eso supuso. Para llegar a la isla más grande Estonia hay que hacerlo en un ferry que parte desde Virtsu hasta la pequeña isla de Muhu y desde ahí por carretera hasta Saaremaa. El precio del ferry es de 8,40 € /coche, más 3 €/persona y otro tanto a la vuelta, en nuestro caso, para dos personas, 28.80 euros.
Pero si disponéis de 5 días para visitar Estonia, una posibilidad es pasar un par de días en la capital, Tallin, dos visitando Saaremaa y Muhu y otro más en el Parque Nacional de Lahemaa, a escasa media hora de la capital.


Por lo que habíamos leído, hay mucha gente que se salta la pequeña Muhu. Nosotros, como era hora de comer aprovechamos para hacerlo allí. Justo en un punto, en la carretera principal, en donde se encuentran varios restaurantes, un supermercado, una gasolinera y la oficina de turismo.


Precisamente en la oficina de turismo es en donde nos hablaron de un pequeño museo etnográfico al aire libre, el Muhu Museum. Se trata de un poblado de pescadores donde se pueden visitar varias edificaciones tradicionales y aprender sobre el modo de vida de los isleños, el pueblo se llama Koguva y ya se hacía mención a su existencia en escritos de 1532.

 La entrada cuesta 4 euros, pero si la compras en la oficina de turismo te ahorras la mitad. También se puede visitar la finca de un famoso autor estonio, Juhan Smuul. En Muhu también hay un molino, varias iglesias, una fábrica de avestruces, un hotel de lujo con un gran parque, Pädaste Manor (en el que se encuentra el mejor restaurante de Estonia) y el campo de batalla donde 2500 guerreros estonios paganos murieron a mano de los cristianos en 1227.

Tras la visita a Muhu, llegamos a Kuressaare, en donde pasaríamos dos noches y que es la capital de la isla de Saaremaa. Su principal atractivo es el castillo, una de las ciudadelas medievales mejor conservadas del Báltico. 



En la plaza principal se encuentra el ayuntamiento y varios locales de restauración y en sus inmediacioes el Thule Koda, un espacio alternativo que reconocerás por la mano que sale de sus fachadas. Muy cerca de allí, un antiguo molino ofrece comidas y cenas. 





La entrada al castillo cuesta 8 euros, pero si quieres ver una gran armería, tendrás que pagar un plus que nadie nos comentó, por lo que al llegar a la puerta, un guardia de seguridad nos echó fuera muy amablemente.

Las salas de exposición son de lo más variadas: antiguo mobiliario, una especie de Museo de Historia Natural, varias salas dedicadas a la ocupación soviética ( con la recreación de viviendas y negocios varios) y hasta vestuario típico.



Dispone de una cafetería en la última planta y es posible pasear por un pequeño tramo de las cubiertas.


Después de visitar el castillo de Kuresaare empezamos las visitas que teníamos planeadas para ese día fuera ya de la ciudad. La primera, el cráter de Kaali. Un gran meteorito cayó en esta zona  hace 4.000 años dando lugar a pequeños cráteres, pero el más grande es el de Kaali. La entrada es gratuita y al lado hay un hotel y un restaurante.
El cráter de Kaali dió lugar a un pequeño lago de 100 m de ancho y 28 m  de profundidad.


Desde allí nos fuimos al complejo formado por los molinos de Angla. Varios molinos de madera nos dan la bienvenida, aunque si no queréis pagar la entrada de 4 euros, sabed que se pueden ver perfectamente desde la carretera. La única razón para pagar es si quieres entrar en alguno de ellos, aunque no es posible hacerlo en todos. Allí mismo hay un pequeño restaurante en el que comimos. En la parte de arriba del restaurante hay un pequeño museo con algunos objetos antiguos, como esta preciosa máquina de escribir o el llamativo reloj que veis arriba.


Aunque intuíamos que los acantilados de Panga, con sus 21.5 m de altura, no nos iban a impresionar demasiado, decidimos acercarnos y, efectivamente, creemos que ni siquiera puedan definirse con la palabra "acantilado". Allí también podéis comer algún perrito caliente o hamburguesa.
La siguiente parada también sabíamos que no nos iba a gustar demasiado, pero a mí se me metió en la cabeza visitar los dos molinos de Ninase, se encuentran al borde de una carretera, representan a un hombre y una mujer con los trajes tradicionales de la zona y no están en funcionamiento, pero son muy frikis. En Ninase hay otros acantilados, pero todavía más bajos que los de Panga, éstos alcanzan los 6 m de altura.


Como el día no había sido muy provechoso en cuanto a lugares bonitos, desistimos de otras visitas que teníamos previstas en la zona sur de la isla y pasamos lo que restaba de día paseando tranquilamente por Kuressaare,
Si vosotros queréis aprovechar algo más la visita a Saaremma, podéis acercaros hasta los restos de baterías de la II Guerra Mundial que hay cerca de Salme, el faro de Sääre, el campo de batalla de la II Guerra Mundial de Tehumandi o la península de Harilaiu. En otra isla pequeña cerca de Kihelkonna se encuentra el Parque Nacional de Vilsandi. El centro de visitantes se encuentra en Loona Manor, allí deberéis preguntar cómo llegar a este pequeño islote.