Siempre pensé que Irlanda y Escocia serían uno de los primeros viajes que realizaría, pero por un motivo u otro los fui posponiendo. Irlanda llegó en octubre del 2015 y fue una pequeña decepción tras las expectativas tan altas que llevaba, por lo que el viaje a Escocia cada día que pasaba, me daba más pereza. No quería que me decepcionase y el tiempo fue pasando, hasta que en octubre del año pasado me enganché a la serie Outlander e hizo que las ganas de visitar Escocia volviesen a estar presentes. En noviembre comprábamos los billetes de avión en un pequeño arrebato que Luismi no sólo no me sacó de la cabeza, si no que apoyó. Sólo faltaba esperar 6 eternos meses!!!

QUÉ VER EN ESCOCIA EN 10 DÍAS: ITINERARIO Y PRESUPUESTO

Como os decía, Outlander fue la culpable de visitar Escocia este año y, por ello, el próximo post estará dedicado a la pequeña Ruta Outlander que hicimos en Escocia.  Nuestro itinerario creo que estuvo bastante bien aunque, como siempre, nos quedaron cosas sin ver. Hubo días que llevábamos varias alternativas dependiendo de cómo fuésemos de tiempo y de la climatología y hubo un día que, debido a las obras en la carretera, nuestros planes se fueron al garete. En este post os dejaremos brevemente nuestro recorrido y en los siguientes os iremos contando ya con todo detalle qué hicimos cada día.

Día 1: llegamos al mediodía al aeropuerto de Edimburgo. Recogimos nuestro coche de alquiler y la primera visita fue Linlithgow. Por qué? Porque, básicamente, era la oficina del Banco Santander más cercana en dirección a Stirling (donde pasaríamos las dos primeras noches) y sin tener que entrar en Edimburgo ciudad. Allí sacamos libras en el cajero, ya que con la tarjeta de débito no te cobran comisión y tampoco te la cobran en compras que hagas con la tarjeta de crédito. Retiramos 700 libras (793.90 euros, por lo que 1 libra nos dió 1.13 euros).

Se nos hizo tarde para ver su castillo y como teníamos pensando comprar al día siguiente la Explorer Pass de 7 días e íbamos a estar cerca, nos dirigimos hacia The Kelpies con la idea de volver a Linlithgow Palace (prisión de Wentworth en Outlander) en los siguientes días. Debido a que en esta época del año hay muchas horas de luz, pudimos aprovechar todavía las últimas horas de la tarde para dar un pequeño paseo por Stirling.

Por cierto, al final calculamos mal el efectivo que nos iba a hacer falta (teníamos que pagar un par de B&B en efectivo) y el último día en Edimburgo recurrimos a una casa de cambio para librarnos de las últimas libras. Cambiamos 207,47 libras que nos dieron 230 euros (por lo que 1 libra nos dió 1,11 euros)


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Día 2: este día empezamos visitando el castillo de Stirling (un imprescindible y que nos gustó mucho más que el de Edimburgo), continuamos con el monumento a William Wallace (sólo exterior), el Doune Castle (castillo Leoch en Outlander e Invernalia en el primer capítulo de Juego de Tronos, entre otras), Mindhope Castle (Lallybroch en Outlander), Blackness Castle (Fuerte William en Outlander) y el famoso puente Forth Bridge. Acabamos el día con una última visita, el pequeño pueblo de Falkland (Cranesmuir en Outlander)

Este fue uno de los mejores días del viaje, ya que debido a que a las 22 h todavía había algo de luz, pudimos aprovechar el tiempo al máximo.

Día 3: el tercer día nos esperaba un largo trayecto en coche. La primera parada fue Falkland (el Inverness de Outlander), en donde visitamos el Falkland Palace, que no sólo no entra en la Explorer Pass, si no que es carísimo y decepcionante. De allí pusimo rumbo a Saint Andrews para ver los impresionantes restos de la catedral y llegamos a última horar de la tarde a nuestro siguiente alojamiento, muy cerca ya de la primera visita del día siguiente.

Día 4: como os decíamos, teníamos una visita a primera hora que a Luismi le hacía especial ilusión, el Dunottar Castle y de allí emprendimos camino hacia Inverness. Nuestra idea era visitar ese día el Highland Folk Museum, pero tuvimos que desistir ya que al meternos por las carreteras que cruzan el precioso Cairngorms National Park, nos encontramos con varias carreteras cortadas por obras que hizo que perdiésemos varias horas dando vueltas como pollos sin cabeza. Llegamos con el tiempo justo para dar un breve paseo por la ciudad.

Día 5: la primera parada fue el campo de batalla de Culloden Moor donde el destino de los highlanders sufrió un duro revés contra los ingleses y  que supuso un brusco cambio en su forma de vida. Muy cerca de allí se encuentra Clava Cairns (uno de los numerosos yacimientos arqueológicos que te encontrarás en Escocia y que, en este caso, nosotros visitamos por ser la fuente de inspiración de la escritora Diana Gabaldón para la serie de libros que hizo posible la serie que nos llevó a Escocia este año). Sabed que Clava Cairns sólo fue la inspiración, las piedras que aparecen en la serie son de cartón piedra y el lugar dónde las colocaron para el rodaje está algo lejos de este punto, concretamente en Tay Forest Park.

Dejamos el lugar para recorrer una de las orillas del Lago Ness y uno de los castillos que quedan en él, el Urquhart Castle. Ycomo de castillos va la cosa en Escocia, visitamos también el Eilean Donan Castle antes de cruzar a la Isla de Skye, en donde pasaríamos los dos días siguientes. Llegamos a Portree con tiempo para hacer alguna de las visitas que tenía planeadas, pero con una climatología horrible que hizo que únicamente diésemos un pequeño paseo por el pueblo.

Día 6: nos levantamos con la idea de hacer un montón de cosas. Salimos del hotel y nos dirigimos a la primera parada del día, The Old Man of Storr, que desechamos porque era una caminata de un par de horas y no sólo hacía 6º, si no que llovía a mares y el viento soplaba fuerte. Continuamos hacia el mirador de Kilt Rock View, pero en vista de que el tiempo no mejoraba y que teníamos planeadas varias rutas a pie, nos retiramos a nuestro apartamento de Portree con unos chocolates calientes y nos dedicamos la mañana descansar y ver series.

Después de comer, el tiempo nos dió una tregua y nos dirigimos hacia Quiraing y Fairy Glen. Dábamos por perdido el faro de Nest Point con muchísima pena.

Día 7: no nos podíamos creer que la lluvia nos hubiese arruinado nuestros dos días en la Isla de Skye y no quería irme sin visitar The Storr, por lo que nos pegamos un madrugón y antes de salir hacia Glasgow, conseguimos subir.

Luego nos dirigimos ya hacia la ciudad más grande de Escocia, donde pasaríamos otras dos noches, pero el día nos lo tiramos en el coche, recorriendo el impresionante Glencoe, cruzando el Loch Lomond and The Trossachs National Park. Por cierto, el Lago Lomond es precioso y si vais con el tiempo justo y tenéis que sacrificar algún destino, eliminad de la lista Inverness y el Lago Ness y concentraros en esta zona.

También nos desviamos una media hora de la carretera principal, la A-82, para ir al mirador Rest and be Thankful. Llegamos a Glasgow a última hora de la tarde, cenamos y nos fuimos a camita.

Día 8: el día siguiente lo dedicamos a conocer Glasgow. Llevábamos una idea tan negativa de la ciudad que no esperábamos gran cosa. Y si os soy sincera no entiendo a la gente que dice que es una ciudad fea y triste. Es todo lo contrario!! A nosotros nos enamoró (más a mí que a Luismi, todo hay que decirlo). La recorrimos a pie, haciendo 18 km y os puedo decir que cada uno de esos km valió la pena.

Día 9: y llegábamos a la última etapa de nuestro #deambulandoporEscocia, Edimburgo, la preciosa capital escocesa. Este primer día la recorrimos a fondo a pie, aunque la primera visita del día hizo que me agobiese un poco y que el resto del día no lo disfrutara como se merecía. El castillo de Edimburgo está super masificado y si volviese a la ciudad, pasaría de volver a visitarlo.

Día 10: el último día nos dedicamos a deambular por sus calles, teníamos previsto hacer alguna visita en las cercanías, pero decidimos quedarnos en la ciudad y, entre otras cosas, subimos el Arthur´s Seat.

Día 11: madrugón a las 5 de la mañana y vuelta a casa. SNIF!! :-(

Hablemos ahora de gastos. Escocia no es barata y el alojamiento nos salió a una media de más de 90 euros. Y no hablamos de grandes hoteles, hablamos de B&B normalitos:

 - 2 noches en Stirling (Whitehouse Guest House): 148 €
- 1 noche en Dunottar (Crawfield Grange): 68 €
- 1 noche en Inverness (Jacobite Rose): 86 €
- 2 noches en Portree (4A Wentworth Street Apartment): 205 €
- 2 noches en Glasgow, sin desayuno (Brunswick Merchant City Hotel): 148 €
- 2 noches en Edimburgo (Balmore Guest House): 191 €

Hubo días que no comimos o que no cenamos y otros que comimos de bocadillo porque estábamos de ruta y aún así nos gastamos casi 470 € en alimentación. Se puede ahorrar mucho en las comidas y cenas si te gusta el agua de grifo (tap water), te la suelen poner nada más sentarte o puedes pedirla sin problema. A mí como no me gusta el agua clorada no nos quedó más que pagar.

Otra cosa que es gratis en Escocia son las autopistas, aunque son unas "autopistas" un tanto raras. En algunas vimos que en las medianas se podían hacer cambios de sentido y hasta nos avisaban de peatones cruzando la calzada. Ojito porque la velocidad se mide en millas por hora!!

Vale la pena comprar la Explorer Pass? Pues, como siempre, depende de los castillos y monumentos que quieras visitar que estén dentro del Historic Environment Scotland. La hay de 3 y 14 días. Nosotros compramos la de 14 días, que te da acceso a 7 días (pueden ser alternos) de acceso a castillos  y otros puntos de interés. Por falta de tiempo no le sacamos todo el partido que nos habría gustado, pero aún así nos compensó. El precio de la de 14 días es de 42 euros y castillos como el de Edimburgo ya vale casi 20 euros.

Los vuelos nos salieron a 82 euros por persona ida y vuelta, sin maleta facturada, pero tuvimos que desplazarnos a Vigo, lo que conllevó pagar gasolina, peajes y el aparcamiento del aeropuerto (49,40 euros, los 10 días).

El coche de alquiler nos costó 250 euros, a los que hay que sumar el combustible (menos mal que nos dieron un diesel) y los aparcamientos, que salvo en Glasgow, fueron tipo O.R.A. y no supusieron un gran coste. 
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Más presupuestos de viajes:











Seguimos descubriendo rutas de senderismo por Coruña con esta que realizamos en el concello de Mesía. Es un ruta larga, de 14 km en una sóla dirección, por este motivo nosotros decidimos hacerla en dos etapas, ya que los 28 km eran demasiados para nosotros. Se trata de la Ruta da Fraga aos Muíños.


La ruta empieza en el antiguo camino a la Fraga (43.138500, -8.308472) y termina en el área recreativa del Ponte Carballa entre los concellos de Mesía y Frades (43.095917, -8.300056), que es donde empezamos nosotros el segundo día.

 Si tenéis pensando realizar la ruta entera (ida y vuelta), en Ponte Carballa tenéis varias mesas con bancos para disfrutar de un merecido picnic.

 A nosotros, el primer tramo "antiguo camino a la Fraga -  molino de la Ribeira  - antiguo camino a la Fraga", nos llevó 3 h (14 km). El segundo tramo "área recreativa Ponte Carballa - molino de la Ribeira - Ponte Carballa", nos llevó  3h30min (16 km), ya que hay un tramo que está mal señalizado e hicimos algún metro de más.

 Tanto en el primero como en el segundo tramo son pistas forestales rodeadas de montes y praderas y no nos encontramos con nadie ninguno de los dos días, por lo que es muy fácil que desconectes y disfrutes de lo que te ofrece la naturaleza.

 Hasta el Molino de la Ribeira llegamos en nuestro primer tramo. También fue el que más nos gustó de todos los que vimos en esta Ruta da Fraga aos Muíños.




Campo de grelos



La segunda etapa la empezamos, como os decíamos más arriba, en lo que en realidad es el punto de llegada, el área recreativa de Ponte Carballa. Desde allí nos dirigimos unos 500 metros cuesta arriba hasta el cruce que os enseñamos en la foto inferior y que nos lleva al Molino Grande de Baltares, que está sin restaurar y con anexos posteriores que lo afean un poco.

 Poco después de este primer molino es donde no hay indicación alguna y donde nos equivocamos. Unos metros más adelante puedes continuar a la derecha o a la izquierda. Nosotros lo intentamos por la derecha y fue ahí donde anduvimos unos metros de más.

 Después del molino grande nos encontramos otro que sí que está restaurado pero que no tiene ni siquiera cauce de agua, el Molino de la Cubela.


 Deshacemos el desvío que nos lleva a este primer molino restaurado y a unos metros encontramos otro desvío de apenas 100 m para visitar el Molino del Batán.
 En esta intersección señalan el último molino de la ruta, el Molino de Queiroa a 675 m, pero acabamos volviendo al que habíamos visitado unos minutos antes, el de de Batán, por lo que no entendemos lo que hicimos mal o si se trata de una mala señalización.


Aparte de estas dos pequeñas incidencias, la ruta transcurrió sin incidentes y, en general, hay una buena señalización. Eso sí, recomendaría una baliza en el primer cruce tras el molino grande porque puede generar confusión y llevarnos a hacer unos cuantos km de más.
Si queréis conocer algo más de Mesía, podéis vistar la Braña das Valgas, entre Mesía y Visantoña (43.129425, -8.298012). Disponen de un centro de interpretación, pero suele estar cerrado por lo que conviene llamar por teléfono a la Casa de la Cultura (981 687 241), al Concello (981 687 001) o al Aula de la Naturaleza (699 453 750), o enviar un email a aulanatureza@concellodemesia.gal. Las Brañas se encuentran a unos 10 min del área recreativa y si conducimos un par de minutos más llegaremos a las ruinas del Castillo de Mesía (43.116769, -8.243436).

Por último, si decidís hacer la ruta en un sólo sentido y queréis dejar un coche en el punto de inicio y otro de vuelta, desde un punto a otro, en automóvil, os llevará algo más de 5 min, ya que hay una distancia de 5,5 km.


 
Como os contábamos anteriormente, la Fervenza das Hortas fue la última parada de un día de excursión en donde realizamos la ruta PR-G 125 "Sendeiro de Visantoña", en Santiso, e hicimos uso del ferry gratuito que cruza el Embalse de Portodemouros, que hace de frontera entre Santiso (A Coruña) y Vila de Cruces (Pontevedra), aunque volveríamos de nuevo a la provincia de A Coruña, concretamente a Arzúa, para terminar el día.


Desde el ferry al aparcamiento de la Fervenza das Hortas hay unos 15 minutos y cerca de esta preciosa cascada, a unos 2 km,  también podéis visitar al Museo vivente do Mel (museo de la miel), que nosotros no visitamos por falta del tiempo y si lo planeáis con algo de tiempo, en Vila de Cruces, está el Museo de la Minería de Fontao, que sólo abre para visitas programadas con anterioridad.

Para ver la Fervenza das Hortas es posible realizar una ruta de senderismo, la PR-G 169, nosotros lo que hicimos fue aparcar todo lo cerca que pudimos (42.849593, -8.215356) y, desde allí, caminar unos 300 metros, primero por una pista y los últimos metros a través de una pasarela y unas escaleras de madera. Si vuestro GPS os juega una mala pasada, estas son las coordenadas del cruce en dónde hay un cartel pintado a mano que pone "Fervenza": 42.849880, -8.213643.

La PR-G 169, "Ruta da Fervenza das Hortas" tiene una longitud de casi 20 km, sólo ida, por lo que si no estáis preparados para caminar 40 km en un día, os recomendamos que empecéis en la fervenza (que en realidad es el punto final de esta ruta) y caminéis hasta dónde consideréis oportunos. Eso, o si vais en grupo, dejar un coche en el punto de inicio, Ponte Santa, y otro en el punto final (el aparcamiento del que os dejamos ya más arriba las coordenadas).

Por último, deciros que la Fervenza das Hortas tiene una caída de 30 metros y hace de frontera natural entre los ayuntamiento de Arzúa y Touro.
De esta manera suena la Fervenza das Hortas:
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CÓMO LLEGAR AL FERRY DE PORTODEMOUROS?
El ferry de Portodemouros es gratuito para los usuarios, ya que su mantenimiento y funcionamiento corre a cargo de la empresa eléctrica que gestiona el Embalse de Portodemouros, construido en 1968. El ferry entró en funcionamiento en 1977 para conectar las dos aldeas que habían quedado incomunicadas con su construcción. Cruzar de un lado a otro lleva menos de 3 minutos y tiene una capacidad de unos 4 coches. Es posible bajarse del coche durante el trayecto.
Las coordenadas del embarcadero de Santiso son: 42.848481, -8.151212. Las del lado pontevedrés: 42.847150, -8.154408. El trayecto, sin hacer uso del ferry, de un embarcadero a otro sería de 25 km que nos llevarían unos 40 minutos. Vale la pena o no?
Más idea para ver y hacer en Galicia, en este enlace.

Soy de esas personas que creen que hay que darle más visibilidad a las enfermedades mentales, a aquellas que no se aprecian a simple vista por terceros. Sin embargo, durante mucho tiempo, he callado que yo soy una de las personas que las padecen. 


Tengo 38 años y llevo desde los ventipocos con depresión. No recuerdo cuando empecé a sentir los síntomas, pero sí recuerdo que allá por 2003 – 2004 tuve una muy mala época. Una época en la que mis padres se pensaron en ingresarme en un centro médico y la primera vez que tomé medicación. 
No tengo muchos más recuerdos de aquella época, sólo que el Orfidal me daba tanto sueño que le daba pequeños golpes al coche y que fue la primera vez que pensé en el suicidio. Pero en aquella época creía que, para eso, había que ser muy valiente y yo me consideraba más bien todo lo contrario.
Por qué hablo de esto ahora, después de tantos años? Pues porque aunque siempre digo que hay que darle visibilidad, nunca me he atrevido a hablar de lo cerca que me afecta a mí, porque me da vergüenza aceptar que he sufrido depresión y ansiedad durante casi la mitad de mi vida.

Siempre he sido una persona introvertida, que odia el ruido y las masificaciones de gente. Me encanta el silencio, pasear por las playas en invierno oyendo únicamente el oleaje y leer mientras tomo una infusión. No soporto que los cajones o armarios queden mal cerrados, ni que se utilicen dos pinzas distintas para colgar la misma prenda de ropa, los cojines tienen que estar colocados rectos, no haciendo rombo, y cuando veo algo muy desordenado, tengo ganas irremediables de ponerme a ordenarlo.

Os hablaba antes de mi primera temporada con depresión, la segunda fue cuando mi padre fue diagnosticado de la maldita “C”, no supe enfrentarme a la situación y, en aquella ocasión, sí que me pusieron un tratamiento controlado por especialistas. No tengo grandes recuerdos de aquella época, sólo que me sentía peor con las pastillas que sin ellas, que me daban crisis de ansiedad en plena calle y me tenía que tirar al suelo, que me quedaba paralizada en el sofá y no reaccionaba ante las voces que me llamaban y me urgían a levantarme o siquiera moverme. Eso fue hace 4 años y medio. Después de 2 años decidí dejar el tratamiento, con supervisión médica pero no son su aprobación. Ya me avisaron, una tercera vez y se entendería como una enfermedad crónica y tratamiento de por vida.
Ha habido una tercera? Sí! Ni siquiera estoy segura de si hubo un receso entre la segunda y la tercera vez. Los días de bajón, de no querer hacer nada, los días de llantos, los días de histeria, los días de mal humor…volvieron enseguida. Lo tenía claro, nunca volvería a medicarme. Sentía que con las pastillas no era yo misma. 

Hace meses la situación empeoró y cuando pensábamos que no podía ir a más, nos mudamos y ese fue el desencadenante de un montón de episodios feos, de hacerle daño (aún no queriendo) a mis seres queridos. Así que después de muchos meses malos, en febrero decidí volver al médico y empecé el tratamiento de nuevo.

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No os voy a mentir, la mayoría de los días me siento peor que la temporada previa a las pastillas. Es cierto que ya no me dan esas enormes crisis en que casi perdía la noción de quien era yo y ya no lloro día sí, día también. A cambio sufro de ansiedad casi todos los días y siento, de nuevo, que mi mente y mi cuerpo no están sincronizados. Las primeras 7 semanas fueron, simplemente, terribles. Tuve que pillarme una baja. Los primeros 15 días me los eché durmiendo, dormía por la mañana, al mediodía, por la tarde y por la noche. Hasta la tercera semana no conduje y hasta la cuarta o quinta no me atreví a hacerlo sola. Hasta el 10º día no salí de casa y, para eso, acompañada. Me aterrorizaba salir a la calle, tener que saludar a un vecino o encontrarme con alguien. Poco a poco y con mucha fuerza de voluntad empecé a salir sola, caminaba 7 km al día con la única compañía de la música clásica para relajarme. Tenía tanto miedo que le enviaba la localización en tiempo real por WhatsApp a mi marido para que supiera dónde y qué estaba haciendo. Miedo de la vida exterior, miedo de mí misma.

Aunque no quería volver al trabajo, sabía que tenía que hacerlo. Las tres primeras semanas fui todos los días a trabajar con ansiedad, uno de los primeros días y tras un desafortunado encuentro tuve que encerrarme en el cuarto de baño y mentalizarme mucho y hacer muchos ejercicios de respiración para intentar controlar la fiera que quería asomar a través de mi cuerpo. Lloré, me hice una bolita en el suelo, apoyada en la fría pared, y cuando estuve segura de que las lágrimas habían cesado y de que la ansiedad había desaparecido, abrí la puerta y volví a mi mesa. 

Los efectos secundarios del tratamiento son bastante frecuentes, yo sufro más ansiedad que antes, se me olvidan las cosas  y cuando hablo, a veces, no me salen las palabras, tartamudeo o me invento palabras nuevas. Como os decía antes, mi cuerpo y mi mente van por separado.

Ahora estamos a puntito de salir de viaje. Viajar es mi medicina, lo digo en serio. Sin embargo, esta vez, estoy aterrada. Siento que no voy a poder disfrutar ni controlar esa ansiedad que me atormenta. Estoy estresada y profundamente preocupada. Ya veremos cómo nos va, no?

Sólo quiero aprovechar desde aquí, desde este rinconcito, para lanzar un grito de ánimo y apoyo a todos esos millones de personas que sufrimos de depresión y ansiedad. Somos unos incomprendidos, eso tenéis que saberlo. Hay gente que estará a tu lado pase lo que pase, otros te darán la espalda y por mucho que lo intenten, los que permanezcan a tu lado, nunca podrán entender por lo que estamos pasando hasta que ellos pasen por una situación similar.
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Quiero recalcar que esta es sólo mi opinión personal, tal como y yo lo veo.