Nuestro Eslovenia en 4 días estaba llegando a su fin y tras haber pasado un día en Liubliana, un día en el Parque Nacional de Triglav junto con el lago Bled y un día visitando las Cuevas de Skocjan y Postojna y el Castillo De Predjama, lo terminaríamos visitando uno de los pueblos de la costa, Piran. Curioso porque es el pueblo más italiano de Eslovenia y justo habíamos empezado esta escapada pasando un día en Venecia.

Llegando a Piran
  Lo primero que debéis saber si estáis pensando visitar este precioso y pequeño pueblo es que es totalmente peatonal. A la entrada del mismo encontraréis dos parkings de pago con bus lanzadera hasta el centro. Hay uno descubierto y otro cubierto, nosotros aparcamos en este último y para pillar el bus hay que bajar hasta la última planta, salir a la calle girando a la derecha y justo donde está el parking descubierto se encuentra la parada del bus gratuito. Hay bastante frecuencia, cada 15 minutos, por lo que no tendréis que esperar demasiado.

 El pueblo de Piran, como os decía antes, es bastante pequeño y en un par de horas lo habrás visto, por eso lo ideal es aprovechar el día para visitar alguno que otro que queda cerca, como por ejemplo Koper o Izola. Esa era nuestra intención inicial, pero veníamos del lago Bohinj y teníamos que volver a Venecia para el vuelo de vuelta a casa, así que no quisimos entretenernos demasiado por si había algún imprevisto de última hora y nos quedábamos en tierra.

 Del casco antiguo de Piran dicen que es uno de los mejores conservados del todo Adriático y una joya de la arquitectura veneciana. Además, está situada en la punta de una pequeña península, por lo que su encanto es, si cabe, mayor.
 La plaza principal y en donde se encuentra la parada del bus, es la Tartinijev Trg y destaca su suelo de mármol y sus edificaciones tono pastel. Hasta este punto llegaba el mar hasta que fue rellenada en 1894. En el centro de la plaza se encuentra una estatua del compositor Giuseppe Tartini. También podemos apreciar su casa natal, los tribunales, el ayuntamiento y la iglesia de San Pedro.

 No esperéis gran cosa de la catedral de San Jorge, construida en estilo barroco a principios del s. XVII, pero si os gustan las buenas vistas no dejéis de subir al Campanario, que siguiendo el estilo italiano, está separado unos metros de ella. Las vistas valen la pena, el precio es simbólico (1 €) pero yo pasé bastante miedo durante la subida y posterior bajada. Las escaleras son de madera (puede que incluso sean las originales del s. XVII debido a su precario estado 😛), algunas están dañadas, a otras les falta un trozo y hay bastante espacio entre un escalón y otro, por lo que la seguridad creo que es nula. Además, es la misma escalera por la que subes y bajas, por lo que al encontrarte con alguien en sentido contrario, el tema se complica todavía más. Por cierto, si al final os decidís, son 147 los escalones que tendrás que subir (y bajar). Al lado del campanario se encuentra el baptisterio octogonal del s. XVII y, muy cerca, un tramo de la antigua muralla de la ciudad del s. XV.


 Volviendo a la Plaza Tartinijev, allí se encuentra la Casa Veneciana, gótica del s. XV. Dicen por ahí que un rico comerciante se enamoró de una muchacha  y la gente empezó a murmullar. Al construir el palacete, colocó una figura de un león en la fachada con una inscripción en latín, "Lassa pur dir" (déjales que hablen).

 Otro punto que no podemos dejar de visitar es la Plaza 1 Maja, que fue el centro de Piran hasta la Edad Media con el nombre de Stari trg (Plaza Vieja). Está rodeada de edificios barrocos y una enorme cisterna del mismo estilo construida en el s. XVIII para almacenar el agua que caía de los tejados a través de los pescados sostenidos por querubines de piedra en sus esquinas (podéis ver la foto más arriba)



  
 Y si todavía tenéis tiempo, un paseito corto os llevará hasta el Faro de Punta y junto a él, la iglesia de de San Clemente.
Vale, ya sé que los vídeos en vertical son pecado, no me matéis por ello!! Lo cierto es que lo grabé para subir a Instagram y así se quedó 😓
Recorrer Eslovenia en 4 días no es lo ideal, ya que aunque se trate de un país pequeño, no está exento de atractivos. Tras nuestro primer día en el país, visitando las Cuevas de Skocjan, Postojna y el castillo de Predjama y nuestra visita de un día por Liubliana, tocó visitar el Parque Nacional Triglav y el lago esloveno más famoso, el lago Bled.


Cuando empezamos a preparar este viaje, teníamos claro que no queríamos perdernos el Paso Vrsic, en la carretera de montaña que une Kranjska Gora con Bovec. Una mala planificación hizo que no la pudiésemos hacer entera, por lo que empezamos en Kranjska Gora y un poco después de llegar a su punto más alto, retrocedimos por donde habíamos venido.
El primer punto de esta carretera con más de 50 curvas y construida por prisioneros rusos a principios del s. XX, fue la Capilla Rusa (46.442488, 13.768624), erigida precisamente en honor a muchos de esos prisioneros sepultados por una avalancha en 1916.


Hay variedad de rutas senderistas por la zona, pero debido a nuestro escaso tiempo en el país, es algo a lo que tuvimos que renunciar. Y como os decíamos, tras llegar al paso Vrsic, a  1611 m de altitud, retrocedimos hacia Kranjska Gora.



Tras descender, hicimos una breve parada en el Lago Jasna, un pequeño lago glacial que es tomado por los lugareños para disfrutar del aire libre y del deporte.


Nuestra siguiente parada eran la Garganta de Vintgar (46.393361, 14.085569), en la que tuvimos que pagar 5 euros por persona. El recorrido es de ida  y vuelta y no os llevará mucho tiempo. El camino de ida termina en la cascada Sum, de 16 metros.

Es un trayecto bastante fácil, que se hace, en su mayoría, por una pasarela de madera de 1,6 km, pero hay que extremar las precauciones porque es una zona húmeda.





Tras el breve paseo, nos dirigimos al famosísimo Lago Bled, de 2 x 1,4 km. Para ser sincera, el Lago Bled era una de las razones de este viaje, cada vez que veía una foto de su conocida isla, más ganas tenía de visitar el país y, como casi siempre, cuando las expectativas son muy altas, la decepción es proporcional. No es que no sea una belleza de lugar, pero creo que se están equivocando en la manera de gestionarlo. 


Tal y como os contábamos en un post anterior, por aparcar nos cobraron 10 euros, si queremos ir en la pequeña góndola que une la orilla del lago con la pequeña isla central, tendremos que desembolsar 14 euros/persona. Si una vez en la isla queremos entrar en la iglesia, tendremos que pagar otros 6 euros/persona y si queremos completar nuestra visita a Bled visitando el castillo, tendremos que pagar 3 euros de parking más 10 euros más por persona para ver su interior.

El único consejo que os podemos dar para ahorrar un poquito es que no aparquéis en la orilla del lago, en las calles cercanas hay sistema O.R.A. para estacionar y es bastante más barato. 




Otra vez más, debido al escaso tiempo del que disponíamos, descartamos la ruta de miradores (Ojstrica y Osojnica) que hay del Lago, pero creemos que es una buena alternativa (y gratis) para disfrutar el entorno y del lago sin tener que pagar.


En Bled tienen un postre típico que no dejar de ser nuestra milhoja de toda la vida. Puede estar rellena de crema y nata o de sólo un ingrediente y recibe el nombre de  Kremna Rezina.
Por la mañana, antes de partir hacia nuestro siguiente destino, subimos al castillo, pero no entramos, ya que nuestra intención era únicamente ver la isla del lago desde lo más alto. Tras pagar los 3 euros de parking, nos dirigimos por el lateral izquierdo del castillo y aunque los árboles nos impedían, al principio, divisar algo más allá de sus ramas, finalmente logramos nuestro pequeño objetivo.
Desde allí nos dirigimos al Lago Bohinj, mucho más bonito que el lago Bled y, sin lugar a dudas, mucho más tranquilo y menos masificado, con sus 4,5 km de largo, 1,2 km de ancho y una profundidad de hasta 45 m. Fuimos parando en cada rincón que nos apetecía tanto a la ida como a la vuelta, ya que cerca del lago Bohinj teníamos otro punto de interés, la cascada de Savica (46.289901, 13.802125), cuya entrada vale 3 €/persona. Muy cerca de allí, en Ukanc, se encuentra el teleférico para subir a la estación de esquí de Vogel. El billete vale más de 17 euros, por lo que si no tienes tiempo para hacer rutas de senderismo, igual deberías de pensártelo. Eso sí, las vistas son espectaculares si las fotos que hemos visto le hacen justicia y seguro que así es.


La cascada Savica no es nada del otro mundo, pero se accede "fácil" a ella, ya que hay un sendero que aunque algo empinado te facilita la subida y el paraje que la rodea es espectacular, rodeado de montañas. Creo que nos llevaría sobre una hora subir y bajar desde el parking.



Y con estas espectaculares vistas dábamos por terminada nuestra visita al Parque Nacional de Triglav, sólo nos quedaba una última parada antes de volver a casa y sería en la costa eslovena, en el precioso pueblo de Piran, pero eso ya os lo contaremos próximamente ;-)