Hacía mucho tiempo que teníamos ganas de volver a la Ribeira Sacra y a los Cañones del Sil, así que como varios miembros de la familia no habían estado nunca, organizamos un pequeño finde en familia en el que disfrutásemos todos. Aunque nosotros salimos de casa, muy cerquita de Coruña, la ruta que os presentamos aquí, podría ser circular si os alojáis por la zona. Hay muchos pueblos por  allí con gran variedad de alojamientos rurales: desde los más grandes, Monforte o Castro Caldelas, a Sober, Parada de Sil...


Pasamos cerca de Monforte de Lemos y decidimos parar al día siguiente, por lo que continuamos nuestro camino hacia Castro Caldelas. Un poco antes de cruzar el río Sil, paramos en el primer mirador del día, el de Souto Chao, en donde aparte de disfrutar de unas impresionantes vistas, podemos ver una escultura homenaje, el "carreteiro", que lleva sobre la cesta con la uva recogida.

Nos tomamos un tiempo para contemplar el Sil y las laderas repletas de vides antes de la segunda parada del día, Castro Caldelas. Paseamos por su pequeño conjunto histórico y aprovechamos para comprar un par de bicas, el dulce típico y luego nos dirigimos al Castillo. La entrada vale 2 euros para adultos y es gratis para menores de 10 años.

Conserva varias torres, aunque las mejor conservadas son la Torre del Homenaje y la Torre del Reloj. En su Patio de Armas estaban recogiendo el escenario de algún espectáculo celebrando en los días anteriores, pero en algunas de sus sales pudimos aprender un poquito más sobre la cultura gallega, gracias a pequeñas colecciones de artilugios usados en las casas de Galicia.
Desde Castro Caldelas nos dirigimos a las Fervenzas de Cachón (Coordenadas: 42.383188, -7.459320). Una fervenza es como se llama por aquí a las cascadas. Está a unos 500 m de donde dejas el coche, en el medio del bosque. Lástima que no haya llovido mucho este verano y que baje con poco caudal. En invierno tiene que ser impresionante.


Después de esta pequeñísima ruta, es hora de hace una un poco más grande, será la de la Pasarela del río Mao, cerquita de Cristosende. Hay varias rutas con diferentes longitudes, pero nosotros haremos una de unos 3 km. Aparcamos en el Fábrica de la Luz, antigua instalación eléctrica y que hoy en día es un albergue (Coordenadas: 42.374508, -7.497122).



Algo más de un 1 km se hace por una estupenda pasarela de madera. Esta pasarela está a cierta altura del río Mao y lo acompaña en los últimos metros antes de que éste desemboque en el Río Sil.  Al terminar la pasarela nos encontramos con un pequeño puente, el cual no hay que cruzar. Giraremos a la izquierda por una pista y seguiremos de frente hasta la pequeña aldea de Barxacoba. 



En Barxacoba tendremos que girar a la izquierda, pero gracias a la recomendación de un niño que nos encontramos en una de las casas, nos movemos unos metros a la derecha para disfrutar de unas preciosas vistas del río Sil. Los últimos metros de la ruta discurren por el asfalto hasta llegar, de nuevo, a la Fábrica de la Luz. Es un tramo un poquito feo, por lo que más recomendable sería dar vuelta hacia la pasarela y hacer el camino de vuelta sobre ella.

Llevábamos una lista de algunos miradores, pero la falta de tiempo hace que sólo paremos en dos de ellos, el de Castro (Coordenadas: 42.390006, -7.589439) y los Balcones de Madrid (Coordenadas: 42.388938, -7.566662). Este último es llamado así, porque desde allí se despedían los familiares y los amigos de los "transportistas" que usaban el río como primer medio para llegar a Madrid a vender su mercancía.

Muy cerca del Mirador do Castro se encuentra el Monasterio de Santa Cristina, pero como os digo, la falta de tiempo hace que lo descartemos. Se nos hace tarde para llegar al embarcadero de Santo Estevo, en donde un catamarán nos llevará durante 1h30 por los fantásticos e increíbles Cañones del Sil.



Nosotros escogimos el catamarán que sale desde Santo Estevo para ver los cañones, pero desde el embarcadero de Doade (cerca de Castro Caldelas y del mirador de Souto Chao), podéis subiros a uno que durante unas 2 horas os ofrecerá unos bellos paisajes de las laderas llenas de viñedos, marca característica de la Ribeira Sacra.
La erosión y el agua ha dejado "esculturas" naturales como esta en la que podemos observar la cara de un indio.

Para terminar el día teníamos pensando acercarnos al Monasterio de Santo Estevo, pero se nos hace tarde y nos vamos directos a nuestro hotel de Ourense. La primera opción de alojamiento había sido una casa de turismo rural enterita para toda la familia, pero unas bajas de última hora hizo que tuviésemos que buscar un alojamiento alternativo y decidimos dormir en Ourense para pasear por su centro. Llegamos allí de noche, hace muy buena temperatura y nos perdemos por el centro, viendo la Plaza Mayor, las Burgas, la Catedral...
Al día siguiente nos vamos al Monasterio de Santo Estevo, hoy convertido en Parador.


La siguiente parada estaba planeada ya en la provincia de Lugo, en Pantón, concretamente en la Fervenza de Augacaída (Coordenadas: 42º30.915´N, 7º.42.187´W), pero el cansancio hacía mella en los más pequeños y decidimos irnos directamente a Monforte para comer allí.

Antes de eso hacemos una parada no prevista, pero vimos los cárteles de las Mámoas de As Cabanas y decidimos parar. 

Las mámoas son túmulos funerarios, que consisten en apilar piedras, normalmente en círculo, son de la época Neolítica y bastante características del Noroeste de España.

Mis dos chicos favoritos del mundo mundial y grandes escaladores ;-)
Comemos en Monforte, paseamos por su centro, en especial por el Parque dos Condes y el colegio de Nosa señora da Antiga, de los Escolapios y antes de irnos cogemos el coche y subimos al conjunto monumental de San Vicente del Pino, hoy en día reconvertido en Parador. No podemos acceder a la Torre del Homenaje porque están en fiestas y desde allí se lanzan los fuegos artificiales, así que damos una pequeña vuelta y emprendemos el camino de vuelta.

Ese fin de semana nos dedicamos a la parte ourensana de la Ribeira Sacra pero en la parte luguesa también podéis disfrutar de varios miradores y creo que bastante espectaculares.

Si todavía no conocéis esta maravillosa zona de Galicia, no esperéis más. Ya véis que tenemos de todo: senderismo, paisajes increíbles, preciosos pueblos y un muy buen vino.
Llegamos a Colonia al atardecer y aunque no teníamos pensado ver nada de la ciudad ese día, el hecho de que saliéramos a buscar un sitio cerca del hotel para cenar hizo que nos encontrásemos viendo el atardecer con una de las panorámicas más buscadas. Y nosotros la encontramos sin buscarla siquiera!!

La catedral y el puente Hohenzollern


 A Colonia le dedicamos toda la mañana aunque, quizás, no habría estado mal dedicarle el día entero.
Nosotros centramos nuestra visita en la zona de la Catedral. La Dom está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y en su interior alberga las reliquias de los Reyes Magos, trasladadas desde Milán en 1164.

Como queríamos subir a las torres de 157 m de altura, compramos la entrada doble para acceder también al Tesoro y ver las reliquias de los Reyes Magos. Aunque algunas iglesias ya cuentan con ascensor, en este caso no nos quedó otra que subir escaleras y con el calor que hacía, creedme cuando os digo que nos costó una barbaridad llegar a lo más alto. Las vistas no son nada del otro mundo, destaca sobre todo el Rhin y el puente Hohenzollern.

Desde allí nos fuimos a la iglesia de San Martín el Grande, pasando por la plaza del Altes Rathaus.

En el s. II d.c. se construyó un granero que luego se convirtió en la iglesia de San Martín en el s. X. Su torre mide 84 m y junto con las casas de colores que hay delante de ella forma una preciosa estampa. Además, en la plaza hay muchísimo ambiente y a su lado nos encontramos con una zona verde a lo largo del río Rhin. Un precioso rincón para descansar después de patear Colonia.

Teníamos pensado acercarnos al museo de Aromas, pero al final cambiamos de opinión. Y es que al colonia nació en Colonia! Al principio se utilizaba para curar los ataques de apoplejía, la gota, la tos o la peste. El mismo Napoléon les dió un ultimatum a los creadores: o revelaban su fórmula o el agua de Colonia no podría venderse como medicina. Con el paso del tiempo empezó a venderse para eliminar los olores corporales. Si queréis comprar un frasquito de la colonia original podéis acercaros al museo o comprarla en algunas de las tiendas autorizadas al igual que hicimos nosotros en una que se encuentra en la plaza de la catedral.
Para despedirnos de Colonia fuimos a comer a uno de los locales que prometían servirte la Kölsch (la cerveza de Colonia) como antiguamente: directamente de la botella o del grifo en un vaso largo de 20 cl. Estas tabernas típicas se llaman Kölsche Weetschaff, pero nosotros no tuvimos mucha suerte y escogimos mal. De todas formas, la Kölsch nos gustó mucho, es muy ligera y entra muy bien :-)