Seguimos hablándoos de nuestro Perú en 15 días y hoy le toca el turno a la preciosa ciudad de Cusco. Llégabamos a la ciudad al mediodía, en bus, desde Puno, en dónde habíamos pasado dos noches visitando el Lago Titicaca.


Nuestro hotel estaba en la Plaza de Armas, así que no podía estar mejor ubicado. A él llegamos en taxi (10 soles), encontrándonos la plaza con los preparativos del Inti Raymi















Tras dejar nuestras maletas en el hotel y puesto que aún no tenían lista nuestra habitación, nos fuimos a dar una vuelta e intentar encontrar la oficina de Perú Rail para canjear la reserva por los billetes que nos llevarían de Ollantaytambo a Machu Picchu un par de días más tarde. 

De camino nos encontramos la Oficina de Turismo y puesto que queríamos comprar el Boleto Turístico (130 soles/persona), aprovechamos para hacerlo en ese momento. El Boleto Turístico te da acceso a algunos de los recintos arqueológicos más importantes de Cusco y el Valle Sagrado. Allí también preguntamos si sería posible ver la espectacular ceremonia del Inti Raymi desde Saqsayhuamán. Ahora no recuerdo lo que nos pedían, pero creo que sobre 200 dólares por persona. A pesar de que nos habría gustado verlo, el precio nos pareció exageradamente caro. El Inti Raymi es la celebración inca del solsticio de invierno, en honor al dios Sol, Inti.




Más tarde, paseando por la Plaza de Armas se nos acercó una chica de una agencia para ofrecernos ver la ceremonia por unos 30 €. Nos explicó que reservaban una parte del recinto para ello y que desde allí podríamos ver la ceremonia perfectamente. Tras pensarlo mucho decidimos no ir. Luego, hablando con los cusqueños nos enteramos que para ver la ceremonia tal y como nos proponía esa agencia, podíamos hacerlo gratis.

Se nos hacía muy tarde para comer y tras deambular un poco llegamos a la animada Plaza Regocijo y nos sentamos a comer en El Cuadro (62 soles). Justo cuando estábamos esperando a que nos sirvieran vimos que había una oficina de Perú Rail al lado y allí me fui a conseguir nuestros ansiados billetes de tren a Machu Picchu. Aprovechamos la tarde paseando sin rumbo y es que aunque al día siguiente nos iríamos temprano para el Valle Sagrado, volveríamos a Cusco con más tiempo para disfrutarla. Antes de volver al hotel hice acopio de biodramina. Allí no la conocen con ese nombre, pero les enseñé la tableta y me dieron unas con el mismo componente activo  (15 soles).







Ah! Y también cerca de la Plaza Regocijo, enfrente de la iglesia de La Merced, merandamos muy rico en La Valeriana (30 soles).

La visita a Cusco es imprescindible, no en vano, ostenta el sobrenombre de la capital arqueológica de América del Sur. La Plaza de Armas me pareció una auténtica maravilla, rodeada de edificios religiosos (si queréis entrar en las iglesias, tendréis que adquirir el Boleto Religioso) y edificios coloniales con preciosos soportales. Aparte de la Catedral, en ella se encuentra la iglesia de la Compañía de Jesús y en sus alrededores el Museo Inka y el templo y convento de La Merced. 
Coricancha, antiguamente templo inca y que hoy en día forma parte de la iglesia de Santo Domingo

Hay otras iglesias como la de San Francisco, Santa Clara o Santa Catalina, junto con Museos como el del chocolate o el de Arte Precolombino o recintos arqueológicos como Saqsayhuamán o Coricancha (iglesia de Santo Domingo) que pueden ser también visitas interesantes. En la Avenida del Sol encontraréis numerosos bancos y cajeros y en el barrio de San Blas, barrio de artistas, callejones estrechos, empinadas laderas y arquitectura colonial.
Cuesta en el barrio de San Blas

Piedra de los 12 ángulos, estos incas no se andaba con chiquitas. Esta piedrita pesa unas 150 toneladas




Como ya os habréis dado cuenta, no hemos hecho ningún recorrido establecido por la ciudad y es que en Cusco, lo mejor que puedes hacer, es perderse intencionadamente por sus calles, porque todas tienen alguna sorpresa bien escondida.






Hace un par de meses hicimos nuestro Perú en 15 días. Al no vivir en Madrid, no nos quedó más remedio que hacer escala para el trayecto Madrid - Lima. Teníamos toda la tarde libre y pensando en las 12 horas que estaríamos metidos en el avión, tomamos la decisión de salir del aeropuerto e intentar cansarnos para caer rendidos y poder dormir durante el viaje.

En este caso no nos hizo falta dormir en Madrid, pero teniendo en cuenta los precios de los hoteles, reservar un apartamento puede ser la mejor opción. En www.hundredrooms.com seguro que encuentras alguno que se adapte a tus necesidades.

Para ahorrarnos el abusivo plus que tiene el metro de Madrid para entrar y salir del aeropuerto, lo que hicimos fue llegar al centro  en el cercanías, exactamente la línea C1 que sale de la T-4 y que nos deja en Atocha en 25 minutos.

Seguimos ahorrando al escoger la consigna de Atocha en vez de la del Aeropuerto y es que nos salía bastante más barato. Además,  puesto que llegamos directos de la terminal, no nos suponía andar cargando con exceso de peso.

La ruta que hicimos durante esas horas está pensada para hacer íntegramente a pie y es perfecta para ver Madrid en una escala larga o incluso para aprovechar el día entero, tomándoselo con más calma.

Salimos de la estación de Atocha, que ya es un destino turístico en sí mima debido a su jardín interior, dirigiéndonos por el Paseo del Prado hasta la Carrera de San Jerónimo. En el Paseo del Prado os encontraréis el Real Jardín Botánico o el Museo del Prado, entre otros lugares de interés. Y en la Carrera de San Jerónimo, aparte de algunos de los hoteles de más renombre de la ciudad, tenéis el Congreso de los Diputados con sus dos enormes leones haciendo guardia ante la entrada.

Siguiendo la Carrera de San Jerónimo unos metros más, desembocaremos directamente en la concurrida Puerta del Sol, en donde podrás localizar en el suelo una plaquita que indica el Km. 0 de las carreteras nacionales.


De la Puerta del Sol continuamos nuestro recorrido hacia la Plaza Mayor, en donde podrás calzarte un buen bocadillo de calamares para, tras recobrar fuerzas, continuar hacia la Plaza de la Villa (una de las plazas con más encanto de la capital) y la Plaza de Oriente, con el Teatro  y el Palacio Real y la Catedral de la Almudena. En esta ocasión íbamos con el tiempo justo, pero la visita al Palacio Real vale la pena. 






Desde allí, por la Calle Ferraz llegaremos al Templo de Debod, un regalo de Egipto por la ayuda dispensanda por España en la década de los 60. Muy cerca se encuentra la Plaza de España y la Gran Vía. Si todavía disponemos de tiempo, podemos subir toda la famosa calle, disfrutando de sus edificios hasta llegar al edificio Metrópolis y al Círculo de Bellas Artes en donde podemos subir hasta su terraza a tomarnos un refrigerio y divisar Madrid desde lo alto. También el cercano Palacio de Cibeles ofrece esa posibilidad.  Desde este punto sólo nos quedará seguir hasta el Paseo del Prado y volver ya sobre el camino andado hasta la Estación de Atocha.

Hay visitas de Madrid que siempre se nos resisten, por un tema u otro, que son la Estación fantasma de Chamberí y el Parque del Capricho. Y, por supuesto, si no habéis estado nunca el El Retiro, es uno de esos lugares de Madrid que tienes que visitar, como mínimo, una vez.



Si queréis más información sobre Madrid, en nuestro blog encontarás ideas para un Madrid con niños, para visitar Madrid en dos días e incluso para llegar gratis desde el aeropuerto a Barajas.
Después de un par de días por el Valle del Colca, llegábamos a Puno por la tarde - noche. Llegábamos ya con la excursión por el lago Titicaca reservada en Arequipa (200 soles), así que no teníamos que preocuparnos más que de buscar un lugar para cenar y lo hicimos en un restaurante recomendado por el hotel y por la Lonely Planet, el Mojsa (60 soles)

Tras comprar 4 paquetes de pañuelos de papel (3,50 soles) y un protector solar (bloqueador por aquellos lares, 20 soles), nos fuimos a dormir, ya que al día siguiente nos recogían tempranito para la excursión por el Titicaca (se pronuncia, Titijaja).
En esta foto se puede ver perfectamente cómo están construidas las islas flotantes de los Uros. Cada poco tiempo van poniendo más capas de totora encima 

La excursión que contratamos incluía el trayecto en barco a las Islas de los Uros y a Taquile y la comida con una familia local en esta última isla. Nos subimos al barco y unos minutos más tarde nos encontrábamos parados en la frontera. Sí, como leéis, para entrar en los Uros tienes que pararte en la entrada, y allí el jefe te asigna la familia que te toca. En cada isla vive una familia, a nosotros nos tocó la Sumita Corazón. Cada familia recibe una excursión cada 15 días, de forma que todos pueden obtener los beneficios que les traen estas actividades.
En Sumita Corazón nos recibió el "presidente Jonathan" y varias mujeres y niños. Jonathan nos explicó que es el jefe de la isla durante un año y nos contó cómo se construían las islas, las barcas y sus viviendas, todo esto con la totora (una especie de junco) como material principal. Hasta hace poco carecían de luz, pero ahora disponen de unos paneles solares y enchufes en las casas.

Durante un buen rato nos habló de su forma de vida, de cómo sobreviven, de como van a Puno a comprar cosas que no pueden conseguir por sí mismos, de cómo los niños van a la escuela en otra isla cercana... Hasta ahí me pareció una visita muy interesante. Estábamos aprendiendo de primera mano sobre su forma de vida, pero poco a poco mi percepción de la visita fue cambiando. 

Las mujeres empezaron a cantar canciones populares y luego nos llevaron en una barca de totora a dar un paseo por el lago. Nos pidieron 10 soles por persona que dimos encantados, pero también subieron a dos niñas con nosotros que siguieron cantando. Esta vez, canciones famosillas como la mítica Si eu te pego, o Vamos a la playa y en varios idiomas, hasta en japonés y luego, como no, pasaron a por más dinero. No es que me molestarse darles más dinero, lo que me incomodó fue la duda de no saber si de verdad les estábamos ayudando con nuestra visita o, si de alguna manera, les estábamos obligando a humillarse un poquito, haciendo chistes para los guiris y cantándonos canciones en japonés.



A la vuelta del paseo nos esperaban las mujeres y cada una se hizo cargo de unas 3-4 personas a las que enseñó su vivienda, para luego enseñarnos la artesanía que hacían y pedirnos que comprásemos algo.


Terminada la visita a Sumita Corazón, nos subimos al barco para ir a otra isla, la más comercial, en donde disponen de cafetería y restaurante, de más artesanía y, para lo que bajamos nosotros, el sello para el pasaporte del lago navegable más alto del mundo (1 sol)

La visita continuaba a la Isla Taquile y, la verdad, a mi no me compensó las 2 horas de navegación hasta llegar allí. Si fuese hoy, me habría quedado únicamente con las Islas de los Uros. No me entendáis mal, Taquile es preciosa y aprenderás un montón sobre sus habitantes, pero el trayecto es demasiado largo.

Una vez en Taquile, desembarcamos y subimos una gran cuesta hasta la plaza principal. Cuidadín, recordad que estamos a mucha altura y que nos cansaremos con más facilidad. Yo, en el medio del camino, tuve que tirar de Terbasmin. 

Al igual que en las islas de los Uros, los habitantes de Taquile vivían hasta hace poco sin electricidad. Seguramente uno de los capitanes del barco que os lleve por el Titicaca resida en esta pequeña isla, desde la que se puede ver la cercana Bolivia.
En la plaza principal nos esperaba uno de sus habitantes para llevarnos a comer con su familia. Teníamos un poco de miedo por la comida que nos servirían, pero la verdad es que estaba buenísimo todo. De primero nos dieron una sopa de quinoa y de segundo pudimos escoger entre trucha y tortilla. Cuando acabamos de comer descendimos al embarcadero (en la cara opuesta de la isla) y nuestro anfitrión en Taquile se convirtió en nuestro capitán debido a la enfermedad del que nos había llevado hasta allí.

Fijaros bien en la vestimenta de los taquileños, porque su ropa no está para nada escogida al azar. Cada color, cada sombrero...tienen un significado.


La vuelta a Puno todavía se nos hizo más larga que la ida. Llegamos a la ciudad y tras un breve paseo por sus calles nos fuimos a cenar a otro restaurante recomendado por la Lonely, La Casona (72 soles).

En definitiva, las dos islas que nosotros visitamos fueron visitas interesantes, pero si os da pereza el trayecto tan largo, quedaos con las Islas Uros.

Al día siguiente, por la mañana, nos dirigimos en taxi hasta la estación de buses (5 soles) para dirigirnos hasta Cusco, a donde llegaríamos al mediodía.