Qué ver en el Lago Titicaca?

Después de un par de días por el Valle del Colca, llegábamos a Puno por la tarde - noche. Llegábamos ya con la excursión por el lago Titicaca reservada en Arequipa (200 soles), así que no teníamos que preocuparnos más que de buscar un lugar para cenar y lo hicimos en un restaurante recomendado por el hotel y por la Lonely Planet, el Mojsa (60 soles)

Tras comprar 4 paquetes de pañuelos de papel (3,50 soles) y un protector solar (bloqueador por aquellos lares, 20 soles), nos fuimos a dormir, ya que al día siguiente nos recogían tempranito para la excursión por el Titicaca (se pronuncia, Titijaja).
En esta foto se puede ver perfectamente cómo están construidas las islas flotantes de los Uros. Cada poco tiempo van poniendo más capas de totora encima 

La excursión que contratamos incluía el trayecto en barco a las Islas de los Uros y a Taquile y la comida con una familia local en esta última isla. Nos subimos al barco y unos minutos más tarde nos encontrábamos parados en la frontera. Sí, como leéis, para entrar en los Uros tienes que pararte en la entrada, y allí el jefe te asigna la familia que te toca. En cada isla vive una familia, a nosotros nos tocó la Sumita Corazón. Cada familia recibe una excursión cada 15 días, de forma que todos pueden obtener los beneficios que les traen estas actividades.
En Sumita Corazón nos recibió el "presidente Jonathan" y varias mujeres y niños. Jonathan nos explicó que es el jefe de la isla durante un año y nos contó cómo se construían las islas, las barcas y sus viviendas, todo esto con la totora (una especie de junco) como material principal. Hasta hace poco carecían de luz, pero ahora disponen de unos paneles solares y enchufes en las casas.

Durante un buen rato nos habló de su forma de vida, de cómo sobreviven, de como van a Puno a comprar cosas que no pueden conseguir por sí mismos, de cómo los niños van a la escuela en otra isla cercana... Hasta ahí me pareció una visita muy interesante. Estábamos aprendiendo de primera mano sobre su forma de vida, pero poco a poco mi percepción de la visita fue cambiando. 

Las mujeres empezaron a cantar canciones populares y luego nos llevaron en una barca de totora a dar un paseo por el lago. Nos pidieron 10 soles por persona que dimos encantados, pero también subieron a dos niñas con nosotros que siguieron cantando. Esta vez, canciones famosillas como la mítica Si eu te pego, o Vamos a la playa y en varios idiomas, hasta en japonés y luego, como no, pasaron a por más dinero. No es que me molestarse darles más dinero, lo que me incomodó fue la duda de no saber si de verdad les estábamos ayudando con nuestra visita o, si de alguna manera, les estábamos obligando a humillarse un poquito, haciendo chistes para los guiris y cantándonos canciones en japonés.



A la vuelta del paseo nos esperaban las mujeres y cada una se hizo cargo de unas 3-4 personas a las que enseñó su vivienda, para luego enseñarnos la artesanía que hacían y pedirnos que comprásemos algo.


Terminada la visita a Sumita Corazón, nos subimos al barco para ir a otra isla, la más comercial, en donde disponen de cafetería y restaurante, de más artesanía y, para lo que bajamos nosotros, el sello para el pasaporte del lago navegable más alto del mundo (1 sol)

La visita continuaba a la Isla Taquile y, la verdad, a mi no me compensó las 2 horas de navegación hasta llegar allí. Si fuese hoy, me habría quedado únicamente con las Islas de los Uros. No me entendáis mal, Taquile es preciosa y aprenderás un montón sobre sus habitantes, pero el trayecto es demasiado largo.

Una vez en Taquile, desembarcamos y subimos una gran cuesta hasta la plaza principal. Cuidadín, recordad que estamos a mucha altura y que nos cansaremos con más facilidad. Yo, en el medio del camino, tuve que tirar de Terbasmin. 

Al igual que en las islas de los Uros, los habitantes de Taquile vivían hasta hace poco sin electricidad. Seguramente uno de los capitanes del barco que os lleve por el Titicaca resida en esta pequeña isla, desde la que se puede ver la cercana Bolivia.
En la plaza principal nos esperaba uno de sus habitantes para llevarnos a comer con su familia. Teníamos un poco de miedo por la comida que nos servirían, pero la verdad es que estaba buenísimo todo. De primero nos dieron una sopa de quinoa y de segundo pudimos escoger entre trucha y tortilla. Cuando acabamos de comer descendimos al embarcadero (en la cara opuesta de la isla) y nuestro anfitrión en Taquile se convirtió en nuestro capitán debido a la enfermedad del que nos había llevado hasta allí.

Fijaros bien en la vestimenta de los taquileños, porque su ropa no está para nada escogida al azar. Cada color, cada sombrero...tienen un significado.


La vuelta a Puno todavía se nos hizo más larga que la ida. Llegamos a la ciudad y tras un breve paseo por sus calles nos fuimos a cenar a otro restaurante recomendado por la Lonely, La Casona (72 soles).

En definitiva, las dos islas que nosotros visitamos fueron visitas interesantes, pero si os da pereza el trayecto tan largo, quedaos con las Islas Uros.

Al día siguiente, por la mañana, nos dirigimos en taxi hasta la estación de buses (5 soles) para dirigirnos hasta Cusco, a donde llegaríamos al mediodía.


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4 con algo que decir:

Libreta Viajera dijo...

Yo por otros motivos, pero tampoco recomiendo la visita a las Islas. A lo mejor si estás más días y duermes en Amantaní la experiencia cambia.

Artabria dijo...

Mónica, la idea de dormir en Amantaní no nos llamaba demasiado e íbamos justos de tiempo para ver todo lo que queríamos. A mi la visita de los Uros me dejó un sabor agridulce :-(

M. Carmen Cruz dijo...

La visita a esta zona me recordó a cuando estuve hace unos años en Egipto viendo el poblado Nubio. Me dejó una sensación parecida, agridulce... :-( A veces nos dejamos llevar por lo que se suele hacer normalmente y cuando estás allí, te parece todo como artificial, y no sabes si lo hacen como medio para susistir o es solo espectáculo...

Verónica Deambulando con Artabria dijo...

Justo, Mari Carmen, no sabes si les haces bien (ayudándoles con tu aportación para que mejores sus condiciones de vida) o si les obligas de alguna manera a un tipo de espectáculo no demasiado digno para ellos.