Una de las visitas que queríamos hacer en nuestro viaje por tierras de Aragón y Navarra era la de Belchite viejo. Ya no recuerdo cuando fue la primera vez que vi imágenes de este pueblo destruido durante la Guerra Civil, pero sí sé que cuando la vi quise ir allí para conocer de primera mano su historia.

Hasta hace unos años la visita a Belchite viejo se podía hacer por libre pero, desde hace algún tiempo, las visitas se han convertido en guiadas y el pueblo está vallado para evitar que se siga deteriorando y evitar que siga el saqueo de lo poco que queda. La visita se reserva por email o teléfono en la Oficina de Turismo de Belchite y su precio es de 6 euros. Media hora antes hay que pasar a recogerlas y dirigirte luego a la entrada de Belchite viejo que está a 500 metros de allí.



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QUÉ VER EN BELCHITE?

En Belchite se habla de Belchite viejo y Belchite nuevo. Nosotros os hablaremos de Belchite viejo, el destruido durante la Guerra Civil. En Belchite nuevo sólo vimos, exteriormente, la iglesia de San Martín de Tours. Además, se puede visitar la Nevera, de piedra y de las mejor conservadas de toda la provincia, y el Seminario, de gran importancia hasta la guerra.  Se puede disfrutar también de la naturaleza en Azud de Valdefeches o el Pozo de los Chorros, así como en el Planerón y la Lomaza.
Entrada a Belchite viejo y comienzo de la ruta


La Batalla de Belchite tuvo lugar entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de 1937 como ofensiva del ejército republicano sobre Zaragoza. Seis meses más tardes, los sublevados vuelven a tomar la ciudad, dejando daños irreparables en los edificios. 

En los restos de los edificios de Belchite viejo todavía se aprecian ejemplos de arquitectura mudéjar.

Belchite subrió de otras batallas durante la Guerra de la Independencia y la Guerra Carlista, pero la que dejó ya una huella imborrable fue la que tuvo lugar durante la Guerra Civil.

Fue en agosto del 37 cuando el general Rojo intentó realizar un avance rápido sobre Zaragoza para ocuparla y provocar que las tropas franquistas que se encontraban en el norte del país se desplazaran. La estrategia salió mal, debido, entre otros factores, a la falta de coordinación de los 80.000 soldados, su inexperiencia...La villa de Belchite sufrió duros combates durante varios días hasta que cayó el 2 de septiembre.

 Finalmente, la batalla de Zaragoza se convirtió en la batalla de Belchite, lo que hizo perder mucho tiempo y medios al Ejército Popular que, además, no consiguió evitar la caída del Frente Norte ni la toma de Bilbao por el ejército franquista. La batalla de Belchite tuvo lugar en la primera fase de la Batalla de Aragón, con una gran ofensiva del ejército de Franco que supuso el principio del fin de la Guerra Civil, intentado aislar a los republicanos en Cataluña.


Tras terminar la Guerra Civil, Franco acudió a Belchite para prometerle a sus vecinos que se reconstruirían los edificios caídos. No sólo no cumplió con su palabra, sino que poco tiempo después ordenó la construcción de Belchite nuevo a unos cientos de metros de distancia. Esto fue un duro golpe para todos los vecinos después de todo el horror vivido y durante muchos años siguieron viviendo en Belchite viejo. Todavía quedan vecinos que vivieron aquella época y por lo que nos dijo nuestra guía, a veces, se acercan a las visitas guiadas y le cuentan a los visitantes los hechos allí ocurridos de primera mano. Esos días las visitan duran bastante más de lo normal. No hay mejor terapia que soltarlo todo.


En cuanto a la visita en sí, se comienza por el Arco de la Villa, en la que podemos ver una pequeña exposición con datos históricos. Desde allí se enfila por la Calle Mayor.

En Belchite viejo quedan todavía restos de varias iglesias, la iglesia de San Agustín, la iglesia de San Martín de Tours, la iglesia de San Juan y el Convento de San Rafael.


La visita de Belchite es imprescindible en un viaje por Aragón, ya que nos ayudará a comprender mejor una época de nuestra historia que no debemos olvidar. Ya sabéis lo que dice Paul Preston: "Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores"


Después de pasar un par de días visitando las Hoces del Río Duratón y alrededores (Segovia) y de camino a nuestro día en el Monasterio de Piedra (Zaragoza), hicimos una breve parada en El Burgo de Osma (Soria).


QUÉ VER EN EL BURGO DE OSMA?

Como ya nos tiene pasado en algún viaje, la oficina de turismo estaba cerrada. Menos mal que habíamos sido previsores y llevábamos impreso un pequeño plano de la villa con una breve descripción de los lugares y monumentos a visitar. Debido al calor que hacía, hicimos un recorrido exprés, visitando  la Plaza Mayor, el antiguo Hospital, el Palacio Episcopal, la Catedral y el Convento del Carmen, todo ello exteriormente.
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Nos quedamos con ganas, en otra ocasión será, de visitar las ruinas de Uxama, una villa de origen celtíbero de 2000 años de antigüedad y el castillo de Osma, del s. X. Si disponéis de más tiempo para hacer una pequeña ruta de senderismo, una idea sería subir a la Cruz del Siglo, desde la subida al Cementerio.

Ya en el centro del pueblo, no vimos tampoco la Antigua Universidad, el Antiguo Hospicio ni la Plaza de Toros, todos ellos marcados como de interés turístico en el plano que llevábamos.

Nuestra visita empezó en la Plaza Mayor con el Hospital de San Agustín, construido entre 1694 y 1701 y que, hoy en día, es un centro cultural y de allí a la preciosa Plaza de la catedral. La catedral de El Burgo de Osma empezó a construirse en 1232, aunque sufrió varias reformas posteriores, siendo la última importante en el s. XVIII. 





Cerca de la catedral se encuentra el Palacio Episcopal y la muralla. Esta muralla medieval data del s. XV y sólo se conserva la Puerta de San Miguel.



Tras pasear por las inmediaciones de la catedral e intentar captar unas buenas panorámicas desde el exterior del recinto amurallado, caminamos en busca del Convento del Carmen, datado del s. XVII, que no nos gustó nada. Desconozco si se puede visitar el interior, pero el exterior es bastante sosillo.

Tras esta breve parada en El Burgo de Osma, #elroadtripdeArtabria entraba en una comunidad en la que no habíamos estado, Aragón, para recorrerla durante varios días. Nuestra primera parada, el Monasterio de Piedra.


Seguimos con nuestros artículos sobre el roadtrip que hicimos en septiembre por España, después de contaros qué ver en Pamplona, qué ver en Zaragoza en dos días y qué ver en el Monasterio de Piedra.


Hoy os vamos a contar qué se puede ver en las hoces del río Duratón y alrededores. Nosotros nos centramos en visitar Sepúlveda (nuestro "campamento base") y Pedraza, que está a una media hora.
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Tras dejar las maletas en nuestro hotel de Sepúlveda y ya que era muy tarde para visitar las Hoces del río Duratón, decidimos acercarnos a Pedraza, catalogado como uno de los pueblos más bonitos de España, aunque a nosotros nos dejó un poquito de mal sabor de boca porque no pudimos acceder a la Plaza Mayor por estar ésta vallada por una corrida de toros que iba a empezar mientras nosotros deambulábamos por las calles de Pedraza.

QUÉ VER EN PEDRAZA?

Pedraza es peatonal, salvo para residentes. De todas formas, accederemos con el coche por su puerta principal y nos guiaremos por las señales que indican aparcamiento. Nosotros fuimos en plenas fiestas y en fin de semana y aunque había muchos coches, no tuvimos problemas para aparcar.

Tras dejar el coche, nos dirigimos al centro del pueblo en busca de la Oficina de Turismo, que estaba cerrada!! Creo que es un fallo que uno de los "pueblos más bonitos de España" tengan cerrada durante 15 días su oficina de turismo en verano. Sin ni siquiera un triste callejero que nos guiase, le sacamos una foto con el móvil a uno que estaba allí colgado y emprendemos nuestra pequeña visita.




Paseamos por sus calles empedradas, fijándonos en sus bellas casonas y en algunas de las puertas que todavía se conservan en la ciudad hasta llegar al castillo. Ya que no podemos acceder a la Plaza Mayor ni visitar la torre de la cárcel, decidimos pagar los excesivos 6 euros de la visita guiada.

 


El castillo de Pedraza fue construido en el s. XIII y, como casi siempre, encima de los cimientos de otras edificaciones más antiguas.  Fue sometido a varias reformas, pero la que le dió el aspecto actual tuvo lugar en el s. XVI. Lo que más llama la atención es el foso y la Torre del Homenaje que, hoy en día, alberga una pequeña colección de obras del pintor Ignacio Zuloaga, uno de sus más ilustres propietarios. Por si no lo sabéis, Zuloaga es el artífice del retrato que aparecía en los billetes de 500 pesetas (quien las cogiera!!).




En ese pequeño museo hay también un Cristo de El Greco y un Goya.

Cuenta una leyenda que allí se enamoraron la esposa del noble Don Sancho de Ridaura y un labrador convertido a monje, que dieron rienda suelta a su amor mientras Don Sancho estaba en la guerra. Cuando volvió de ella mató al monje y su esposa se suicidó. Dicen que en las noches de verano todavía se ven los fantasmas de los dos amantes.


QUÉ VER EN SEPÚLVEDA?

Tras esta pequeña visita a Pedraza, decidimos volver a Sepúlveda y hacer una visita guiada teatralizada que nos habían comentado en la Oficina de Turismo (8 eurazos/persona).




Aunque el precio, de nuevo, nos pareció elevado y la parte teatralizada nos resultó infantil a no poder más, es una visita recomendable y muy interesante. Se nota que están orgullosos de su villa y de su historia. Isabel la Católica tuvo un papel importante durante su reinado y aprenderás un montón de datos interesantes sobre el Fuero de Sepúlveda, un importante ordenamiento jurídico del s. XI muy relevante durante la Reconquista.




Qué más se puede ver en Sepúlveda? Pues el Museo de los Fueros, la Casa del moro, la Puerta del Azogue o Arco del Ecce Homo, la Plaza de España  con la Espadaña del castillo, la iglesia de San Bartolomé, la Cárcel, la Puerta del Río, los Arcos de la Judería, la Iglesia del Salvador, la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña y El Postiguillo, que es el tramo de muralla mejor conservado.




En las inmediaciones de la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña hay un buen mirador de las Hoces del Duratón. Si váis a visitar las Hoces, podéis pasaros por la Casa del Parque, que es el centro de interpretación. Además, desde Sepúlveda sale la Senda de los dos ríos, que rodea el pueblo desde la iglesia de Nuestra Señora de la Peña hasta el puente romano de Talcano.


Ojito si hacéis la ruta nocturna, porque a las 22 h os será difícil encontraros algún local con la cocina abierta, nosotros acabamos sin cenar.
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QUÉ VER EN LAS HOCES DEL RÍO DURATÓN?

Si queremos disfrutar de las Hoces del Duratón como se merecen, la mejor opción es hacer alguna ruta. Nosotros fuimos en septiembre pero aún así el calor era importante, por lo que optamos en utilizar el coche siempre que pudiésemos. Aparte de la Senda de los dos ríos de unos 5 km, se puede hacer la Senda Larga de 24 km. Para ello podemos aparcar el el Puente Talcano y caminar hasta el Puente de Villaseca  y luego volver. Si queremos hacer unos 4 km más, al llegar al puente de Villaseca podemos hacer la Senda de la Molinilla, de 1,8 km sólo ida.




Nosotros hicimos la Senda de la Molinilla porque aunque pegaba con fuerza, casi todo el tramo es a la sombra de los árboles y es un paseo bastante agradable. Os llevará un poco más si subís a ver todas las cuevas que hay durante el trayecto.

Y ahora que os hemos hablado un poquito de las 3 principales rutas senderísticas de las Hoces del Duratón, vamos a contaros nuestro recorrido aquel día.




Lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia la Ermita de San Frutos. Nos dirigiremos hacia Villaseca y al llegar al pueblo, seguiremos las señales a la Ermita por una pista forestal llena de baches durante casi 4 km sólo ida. Al final de la pista nos encontraremos un parking y desde allí 1 km más o menos andando hasta la Ermita. Aquí sí que no hay sombra, así que elegid bien la hora del día para hacerlo más llevadero. Durante el trayecto encontraremos varios miradores a las Hoces.

La siguiente parada fueron las ruinas del Convento de la Hoz. Para ello nos dirigimos hacia Sebulcor y desde allí seguimos las indicaciones, desde que se acaba el asfalto, todavía tendremos unos 4,5 km sólo ida por una pista forestal, un poco mejor conservada que la que lleva a la Ermita de San Frutos. El coche lo dejaremos en la bifurcación del Monasterio de la Hoz y Portillo de la Pez. Desde allí, tendremos que andar unos 10 minutos hasta el mirador del monasterio. Un lugar bastante espectacular y en el que ves una cantidad enorme de buitres volando casi a tu altura.




Pueblo fantasma de San Miguel de Neguera entre Sebulcor y el puente de Villaseca

Nosotros comimos en Sebulcor, en la Plaza del Ayuntamiento. Tampoco es que haya muchos sitios para escoger que no sean en Sepúlveda, salvo éste, que nos gustó y estuvo bien de precio y un bar en el Puente de Vilaseca que sirve bocatas y hamburguesas.

Para llegar al puente de Vilaseca no tendréis problemas, ya que se encuentra en la carretera que va desde Sebúlcor a Sepúlveda. Aparte de hacer la Senda de la Molinilla, podréis probar suerte con la Cueva de los Siete Altares, aunque nosotros la encontramos cerrada. Está considerada como el templo cristiano más antiguo de la provincia de Segovia. Esta zona es buena si os decidís por llevar picnic porque está repleta de árboles y senderos de tierra entre ellos.




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Y así, con estas visitas dábamos por terminada la primera etapa del viaje, visitando las Hoces del río Duratón, y los pequeños y preciosos pueblos de Sepúlveda y Pedraza.
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