Ya hace cuatro meses de nuestra escapada otoñal a Las Médulas y Ponferrada con nuestros amigos de Callejeando por el mundo y Una idea, un viaje y todavía no os habíamos contado qué hicimos el segundo día de nuestra estancia. El primer día ya sabéis que hicimos una ruta de senderismo por las Médulas que podéis recordad en este enlace.

El sábado habíamos llegado tarde a Ponferrada y lo primero que hicimos fue buscar un local en dónde tomarnos un chocolate con churros. No encontramos ninguno y ya teníamos hambrecilla, así que nos "tuvimos que conformar" con algo de repostería.

Dimos un pequeño paseo por el centro y luego nos dirigimos al hotel para ducharnos y salir a cenar.




El día siguiente estaba lleno de planes, pero como lo habíamos dejado un poco al azar, no tuvimos toda la suerte que nos habría gustado y nos quedaron cosas por ver.

La primera parada era el Valle del Silencio, en concreto Peñalba de Santiago. Al salir de Ponferrada encontramos dos carteles que indicaban Valle del Silencio, así que nos decidimos por coger una de ellas y, por lo que vimos más adelante, creo que no era la carretera más acertada.

Hicimos caso del GPS más o menos y digo esto, porque al ver la carretera que nos indicaba decidimos obviarla y probar suerte con la siguiente opción. De nuevo, nos equivocamos y nos metió por una carretera sin asfaltar y con nieve. Menos mal que en nuestro coche iban también María y Rubén de Callejeando por el mundo, porque si llegamos a ir sólos Luismi y yo, ni loca le habría dejado meterse por un camino así. 





Lo "peor" fue cuando el camino empezó a empeorar y los chicos de Una idea, un viaje, Eviña y Diego, que venían en su coche, desaparecieron de nuestros retrovisores. No había cobertura, no había sitio para parar el coche ni para dar la vuelta y el camino estaba cada vez peor y con más hielo y nieve.

Tranquilos, no nos pasó nada! Y Eviña y Diego hicieron acto de presencia un poquito más tarde, ya en Peñalba de Santiago y sin un rasguño.





















Dimos una vuelta por el pueblo, lleno de encanto con la iglesia de Santiago de estilo mozárabe. Todavía conserva muestras de la arquitectura rural berciana con construcciones de piedra y tejados de pizarra.

Al terminar nuestro paseo nos fuimos a la Cantina y cuando le contamos al propietario por dónde habíamos llegado nos dijo que nunca más le hiciésemos caso al GPS, que había una carretera mucho mejor por otro lado y que ya había tenido que ir más de una vez a buscar a osados turistas al lugar por el que habíamos venido.

Una vez acabados nuestros tés y cafés, retomamos el camino hacia Ponferrada para acercarnos a la Herrería de Compludo. La herrería es monumento nacional desde 1968, pero no teníamos muy claro si estaba abierta  o no y aunque teníamos intención de acercarnos, el tiempo se nos echó encima en Molinaseca, el lugar escogido para comer y decidimos dejarla para otra ocasión.







Tras una buena comida y una sobremesa muy, pero que muy pausada, era hora de volver a casa. Este maravilloso atardecer nos acompañó a la salida de Ponferrada.