Como os contábamos anteriormente, la Fervenza das Hortas fue la última parada de un día de excursión en donde realizamos la ruta PR-G 125 "Sendeiro de Visantoña", en Santiso, e hicimos uso del ferry gratuito que cruza el Embalse de Portodemouros, que hace de frontera entre Santiso (A Coruña) y Vila de Cruces (Pontevedra), aunque volveríamos de nuevo a la provincia de A Coruña, concretamente a Arzúa, para terminar el día.


Desde el ferry al aparcamiento de la Fervenza das Hortas hay unos 15 minutos y cerca de esta preciosa cascada, a unos 2 km,  también podéis visitar al Museo vivente do Mel (museo de la miel), que nosotros no visitamos por falta del tiempo y si lo planeáis con algo de tiempo, en Vila de Cruces, está el Museo de la Minería de Fontao, que sólo abre para visitas programadas con anterioridad.

Para ver la Fervenza das Hortas es posible realizar una ruta de senderismo, la PR-G 169, nosotros lo que hicimos fue aparcar todo lo cerca que pudimos (42.849593, -8.215356) y, desde allí, caminar unos 300 metros, primero por una pista y los últimos metros a través de una pasarela y unas escaleras de madera. Si vuestro GPS os juega una mala pasada, estas son las coordenadas del cruce en dónde hay un cartel pintado a mano que pone "Fervenza": 42.849880, -8.213643.

La PR-G 169, "Ruta da Fervenza das Hortas" tiene una longitud de casi 20 km, sólo ida, por lo que si no estáis preparados para caminar 40 km en un día, os recomendamos que empecéis en la fervenza (que en realidad es el punto final de esta ruta) y caminéis hasta dónde consideréis oportunos. Eso, o si vais en grupo, dejar un coche en el punto de inicio, Ponte Santa, y otro en el punto final (el aparcamiento del que os dejamos ya más arriba las coordenadas).

Por último, deciros que la Fervenza das Hortas tiene una caída de 30 metros y hace de frontera natural entre los ayuntamiento de Arzúa y Touro.
De esta manera suena la Fervenza das Hortas:
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CÓMO LLEGAR AL FERRY DE PORTODEMOUROS?
El ferry de Portodemouros es gratuito para los usuarios, ya que su mantenimiento y funcionamiento corre a cargo de la empresa eléctrica que gestiona el Embalse de Portodemouros, construido en 1968. El ferry entró en funcionamiento en 1977 para conectar las dos aldeas que habían quedado incomunicadas con su construcción. Cruzar de un lado a otro lleva menos de 3 minutos y tiene una capacidad de unos 4 coches. Es posible bajarse del coche durante el trayecto.
Las coordenadas del embarcadero de Santiso son: 42.848481, -8.151212. Las del lado pontevedrés: 42.847150, -8.154408. El trayecto, sin hacer uso del ferry, de un embarcadero a otro sería de 25 km que nos llevarían unos 40 minutos. Vale la pena o no?
Más idea para ver y hacer en Galicia, en este enlace.

Soy de esas personas que creen que hay que darle más visibilidad a las enfermedades mentales, a aquellas que no se aprecian a simple vista por terceros. Sin embargo, durante mucho tiempo, he callado que yo soy una de las personas que las padecen. 


Tengo 38 años y llevo desde los ventipocos con depresión. No recuerdo cuando empecé a sentir los síntomas, pero sí recuerdo que allá por 2003 – 2004 tuve una muy mala época. Una época en la que mis padres se pensaron en ingresarme en un centro médico y la primera vez que tomé medicación. 
No tengo muchos más recuerdos de aquella época, sólo que el Orfidal me daba tanto sueño que le daba pequeños golpes al coche y que fue la primera vez que pensé en el suicidio. Pero en aquella época creía que, para eso, había que ser muy valiente y yo me consideraba más bien todo lo contrario.
Por qué hablo de esto ahora, después de tantos años? Pues porque aunque siempre digo que hay que darle visibilidad, nunca me he atrevido a hablar de lo cerca que me afecta a mí, porque me da vergüenza aceptar que he sufrido depresión y ansiedad durante casi la mitad de mi vida.

Siempre he sido una persona introvertida, que odia el ruido y las masificaciones de gente. Me encanta el silencio, pasear por las playas en invierno oyendo únicamente el oleaje y leer mientras tomo una infusión. No soporto que los cajones o armarios queden mal cerrados, ni que se utilicen dos pinzas distintas para colgar la misma prenda de ropa, los cojines tienen que estar colocados rectos, no haciendo rombo, y cuando veo algo muy desordenado, tengo ganas irremediables de ponerme a ordenarlo.

Os hablaba antes de mi primera temporada con depresión, la segunda fue cuando mi padre fue diagnosticado de la maldita “C”, no supe enfrentarme a la situación y, en aquella ocasión, sí que me pusieron un tratamiento controlado por especialistas. No tengo grandes recuerdos de aquella época, sólo que me sentía peor con las pastillas que sin ellas, que me daban crisis de ansiedad en plena calle y me tenía que tirar al suelo, que me quedaba paralizada en el sofá y no reaccionaba ante las voces que me llamaban y me urgían a levantarme o siquiera moverme. Eso fue hace 4 años y medio. Después de 2 años decidí dejar el tratamiento, con supervisión médica pero no son su aprobación. Ya me avisaron, una tercera vez y se entendería como una enfermedad crónica y tratamiento de por vida.
Ha habido una tercera? Sí! Ni siquiera estoy segura de si hubo un receso entre la segunda y la tercera vez. Los días de bajón, de no querer hacer nada, los días de llantos, los días de histeria, los días de mal humor…volvieron enseguida. Lo tenía claro, nunca volvería a medicarme. Sentía que con las pastillas no era yo misma. 

Hace meses la situación empeoró y cuando pensábamos que no podía ir a más, nos mudamos y ese fue el desencadenante de un montón de episodios feos, de hacerle daño (aún no queriendo) a mis seres queridos. Así que después de muchos meses malos, en febrero decidí volver al médico y empecé el tratamiento de nuevo.


No os voy a mentir, la mayoría de los días me siento peor que la temporada previa a las pastillas. Es cierto que ya no me dan esas enormes crisis en que casi perdía la noción de quien era yo y ya no lloro día sí, día también. A cambio sufro de ansiedad casi todos los días y siento, de nuevo, que mi mente y mi cuerpo no están sincronizados. Las primeras 7 semanas fueron, simplemente, terribles. Tuve que pillarme una baja. Los primeros 15 días me los eché durmiendo, dormía por la mañana, al mediodía, por la tarde y por la noche. Hasta la tercera semana no conduje y hasta la cuarta o quinta no me atreví a hacerlo sola. Hasta el 10º día no salí de casa y, para eso, acompañada. Me aterrorizaba salir a la calle, tener que saludar a un vecino o encontrarme con alguien. Poco a poco y con mucha fuerza de voluntad empecé a salir sola, caminaba 7 km al día con la única compañía de la música clásica para relajarme. Tenía tanto miedo que le enviaba la localización en tiempo real por WhatsApp a mi marido para que supiera dónde y qué estaba haciendo. Miedo de la vida exterior, miedo de mí misma.

Aunque no quería volver al trabajo, sabía que tenía que hacerlo. Las tres primeras semanas fui todos los días a trabajar con ansiedad, uno de los primeros días y tras un desafortunado encuentro tuve que encerrarme en el cuarto de baño y mentalizarme mucho y hacer muchos ejercicios de respiración para intentar controlar la fiera que quería asomar a través de mi cuerpo. Lloré, me hice una bolita en el suelo, apoyada en la fría pared, y cuando estuve segura de que las lágrimas habían cesado y de que la ansiedad había desaparecido, abrí la puerta y volví a mi mesa. 

Los efectos secundarios del tratamiento son bastante frecuentes, yo sufro más ansiedad que antes, se me olvidan las cosas  y cuando hablo, a veces, no me salen las palabras, tartamudeo o me invento palabras nuevas. Como os decía antes, mi cuerpo y mi mente van por separado.


Ahora estamos a puntito de salir de viaje. Viajar es mi medicina, lo digo en serio. Sin embargo, esta vez, estoy aterrada. Siento que no voy a poder disfrutar ni controlar esa ansiedad que me atormenta. Estoy estresada y profundamente preocupada. Ya veremos cómo nos va, no?

Sólo quiero aprovechar desde aquí, desde este rinconcito, para lanzar un grito de ánimo y apoyo a todos esos millones de personas que sufrimos de depresión y ansiedad. Somos unos incomprendidos, eso tenéis que saberlo. Hay gente que estará a tu lado pase lo que pase, otros te darán la espalda y por mucho que lo intenten, los que permanezcan a tu lado, nunca podrán entender por lo que estamos pasando hasta que ellos pasen por una situación similar.

Quiero recalcar que esta es sólo mi opinión personal, tal como y yo lo veo. 

Esta ruta circular de 15 km está situada en Visantoña, en el concello de Santiso y nos llevó 3h45 minutos, aunque contando con las paradas para beber y que íbamos con niños, el tiempo total fue de casi una hora más. Durante el camino no hay muchos merenderos, pero cerca del punto de inicio sí.


La ruta empieza entre el centro social y la iglesia (42.865982, -8.112022) y tanto al lado de uno como de otra hay merenderos. Nosotros elegimos el que está al lado de la iglesia, ya que allí hay sitio para aparcar y aprovechamos que ya habíamos dejado allí el coche antes de comenzar la ruta (42.864466, -8.115841).


La mayor parte de esta ruta PR-G125 es por pistas forestales, excepto algún tramo de asfalto que sólo cruzaremos para dirigirnos de una pista a otra. Es apta tanto para bici de montaña como caballo y hay alguna que otra cuesta.


Los tramos más bonitos son el que va por la ribera del río, junto con los Molinos del Tajo, y en el que se puede apreciar parte del embalse de Portodemouros.

 Hay un tramo que nosotros no volveríamos a hacer, en caso de repetir esta ruta, y es también un tramo circular en sí mismo de unos 2 km y que nos permite ver los restos del Pazo do Ribeiro, del que queda en pie apenas una chimenea. Desde el Pazo do Ribeiro hay una derivación de unos 300 m para las Mámoas do Ribeiro, que tampoco os aconsejamos ya que están sin excavar. En este punto nosotros nos equivocamos unos metros, pero un poquito antes de la panorámica que veis arriba hay un desvío a la izquierda que pone "vista panorámica", pues es por ahí por dónde debéis ir.



Si no queréis llevar vuestra comida, cerca de la iglesia hay un mesón en el que sirven menús. Además, creo que tienen un menú especial para los que han realizado el sendero.
Para terminar el día y tras comer, decidimos hacer algo que les gustó mucho a los niños (y no tan niños) que fue cruzar el Embalse de Portodemouros en el ferry gratuito que cruza de un lado a otro, de Santiso a Vila de Cruces (y de una provincia a otra) en apenas 3 minutos. El embarcadero está bien indicado desde Visantoña pero, por si acaso, os dejamos las coordenadas (42.848994, -8.151835). Este ferry funciona todos los días del año, las 24 h y es gratuito porque se hace cargo Fenosa por haber dejado incomunicadas dos aldeas cuando se construyó el embalse.


Desde el otro lado del embalse nos fuimos a conocer la Fervenza das Hortas, en Arzúa, de la que os hablaremos en unos días.